Esta mañana mientras leía el Salmo116 y encontré en el versículo 7, una oración que la hice mía y quiero compartirla con cada uno de ustedes y dice así: “Vuelve, oh alma mía, a tu reposo. Porque Jehová te ha hecho bien”.

En la Nueva Traducción Viviente se lee así: “Que mi alma descanse nuevamente, porque el Señor ha sido bueno conmigo”.

¿Cuán agitada está tu alma hoy? ¿Qué cosas son las agitan tu alma? ¿De qué cosa necesita reposar tu alma? Sin duda alguna, todos en algún momento o circunstancia de nuestra vida nos hemos enfrentado a fuerte tormentas y a nubarrones muy oscuros.

En esos tiempos cuando nuestra alma se encuentra agitada y cansada, recibimos del Señor la promesa que dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

¿Cuál es el peso que está agobiando a tu alma y reduciendo considerablemente tus fuerzas? Esto me hace recordar, que nuestra sociedad moderna, camina acelerada, con desesperación, con muchas preocupaciones que se agolpan sobre ellos.

Es fácil ver en las calles, en las oficinas y por todos los lugares públicos, a las personas, cuyos rostros claramente reflejan el cansancio y la agitación interna que cada una de ellas está sufriendo.

Esa agitación del alma y la falta de reposa de la misma, se percibe en el trato hacia los demás, con malas respuestas o contestaciones, ignorando a los demás y sus necesidades, hablando con amargura, rencor y resentimiento.

Lo que tenemos que hacer para que nuestra alma vuelva a su reposo, es reconocer el favor, la misericordia, la bondad, la fidelidad, la gracia y la bendición de Dios sobre nosotros, y confrontando a nuestra alma con la siguiente pregunta: “¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mi? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío” (Salmo 42:5)

Y si tu alma, está agitada, quejumbrosa y lamentosa, exhórtala a lo siguiente: “Bendice, alma mía, a Jehová y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila” (Salmo 103:1-5).

Termino con el mismo Salmo 116:7 leído en la Biblia Textual y dice: “Vuelve, alma mía, a tu reposo, porque Jehová te ha colmado de favores”. Que nuestra alma sepa, que su reposo está en y es Dios.

Dios te bendiga y te guarde siempre,

Gerardo Ampié,